Cada vez soy más de la opinión de que las campañas electorales incluyen elementos que forman parte de una liturgia política trasnochada que nadie se atreve a desechar pero que, en secreto, casi todos damos por perfectamente ridícula e incluso inútil. La pegada de carteles, que marca siempre el inicio de campaña, es ya un rito vacío de contenido. A los mítines van los convencidos, y no siempre. Las banderolas y pancartas con que se adornan las ciudades reflejan el poderío económico de cada partido. Antaño, probablemente, las campañas significaban algo distinto: entrega, ideales, pasión, ideología, principios. Hoy, en cambio, son vestigio de un pasado que se fue: máscaras y sombras. Además, la sociedad ha cambiado mucho y las estrategias de comunicación actuales poco tienen que ver con las de ayer. No juzgo si son mejores o peores. Sólo subrayo que son distintas.
Fuerzas políticas como Izquierda Unida ven con mucha claridad este cambio y la necesidad de adecuar la comunicación política a un entorno diferente. Pero se topan con un obstáculo formidable: carecen de canales de comunicación potentes y estables para difundir sus principios políticos día a día, entre campaña y campaña. Dicho de otro modo: no tienen la posibilidad de hacer la mejor campaña posible que consiste en estar presente a diario en las conversaciones de los ciudadanos. Con esto no quiero decir que IU haya de estar forzadamente donde no debe. Simplemente afirmo que si IU sufre el veto constante de los medios de comunicación privados no le queda más remedio que estar en la campaña electoral como uno más, compitiendo con el PP y con el PSOE que, por otra parte, no sufren ninguna restricción informativa ni antes de la campaña ni después de ella. Es obvio que en la batalla del conocimiento público de las diferentes ideologías el bipartidismo juega con las cartas marcadas y haciendo trampas.
Solemos quejarnos de la parcialidad de los medios públicos de comunicación. Seguro que en la mayoría de los casos las lamentaciones y denuncias se ajustan a la verdad. Pero a los medios privados no les aplicamos igual exigencia. Pareciera que las empresas privadas de comunicación, al conceptuarse libres, llevaran sobre su cabeza el sancta sanctorum de la honorabilidad y quedaran exentas de acatar una deontología de mínimos. Digo esto porque produce vergüenza contemplar y soportar la parcialidad descarada con que se conducen la inmensa mayoría de la prensa “libre”, de las radios “libres” y de las televisiones “libres” de nuestro país. Su única “libertad” consiste en el “libertinaje” para quebrar las reglas más elementales de la decencia periodística, apoyar al amigo, destruir al enemigo, hacer caja, cobrarse favores, intoxicar cerebros y pisotear la información. La libertad que se arrogan es liberticida. Cierto es que unos medios se conducen con más descaro que otros en esta carrera hacia la desvergüenza absoluta pero, al cabo, el pecado de todos es común. Cuando el objetivo es manipular las conciencias las primeras víctimas son la información, la verdad y la libertad.
PSOE y PP no sólo coinciden en su apuesta por el bipartidismo. También se asemejan en que tras ellos hay grupos mediáticos privados que los apoyan con más o menos entusiasmo. Sobre este particular, hay una diferencia apreciable entre el PSOE y el PP. El entramado mediático de prensa, radio y televisión que sostiene al PP es mucho más fuerte, numeroso y virulento. Sus medios llevan años haciendo campaña agresiva a su favor, sin pudor, sin complejos, con ratimangos chulescos a los que se ha acostumbrado una buena porción de la ciudadanía española. Tantos años de bombardeo ideológico han acabado por destruir los pilares del buen gusto y de la imparcialidad. Pagaremos muy cara tal demolición.
Lo antedicho viene a propósito de algo que ha sucedido en Azuqueca de Henares y que tiene que ver con la campaña electoral. Como en ocasiones anteriores, los grupos con representación municipal (IU, PSOE y PP) en cumplimiento de lo que dictamina la ley electoral, teníamos que enviar un plan de campaña a la Junta Electoral Provincial, y para tal fin nos reunimos en Junta de Portavoces. Como portavoz de IU aproveché la ocasión para plantear que hubiera un debate ante los ciudadanos en el que participaran al menos los portavoces de las fuerzas políticas con representación municipal. Lo que salió a la luz tras hacer una propuesta tan inocente me escandalizó: el Sr. Moraga, portavoz del PP, dijo que se negaba a debatir en público con IU en general y conmigo en particular, y el Sr. Bellido me informó que el PP y el PSOE ya habían acordado debates sólo entre ellos dos bajo el paraguas de Popular TV, cadena de los obispos.
Considero gravísimo lo que ocurrió en esa Junta de Portavoces y por eso debo denunciarlo. El Sr. Moraga, una vez más, demostró cobardía política y ser persona sin talla ni fuste para asumir cargos públicos. El Sr. Bellido, por su parte, jugó al bipartidismo en plena campaña electoral, en perjuicio de fuerzas políticas que como IU merecen respeto por lo que son y por lo que representan. Y la tele de los obispos, finalmente, mostró de nuevo su verdadero propósito: ser báculo espiritual de la derecha y valladar de IU.
Al final, por imposición bipartidista no habrá debate a tres en Azuqueca de Henares. Los ciudadanos azudenses, por tanto, se perderán aquello que no debe faltar en una democracia y en una campaña electoral: el contraste público de ideas sin exclusiones ni censuras. A cambio tendrán banderolas, pancartas, eslóganes y monólogos.
PD. Quiero transmitir mi más sincero pésame y el de la organización a la que represento a la familia de Pedro Guereñu Larraga, concejal del PSOE en Azuqueca de Henares entre los años 1991-2003, fallecido el 6 de mayo. Descanse en paz.
Emilio Alvarado Pérez, Primer Teniente de Alcalde, Concejal de Cultura y otros Servicios y candidato a la alcaldía por IU